¿Por qué tengo que mostrar mi pasaporte una y otra vez?
Conoces la rutina. Reservas un vuelo, haces el check-in desde el móvil, facturas el equipaje, pasas el control de seguridad y, por fin, embarcas. Cuando aterrizas, la historia se repite: control fronterizo, mostrador de la empresa de alquiler de coches y recepción del hotel.
Para cuando te tumbas en la cama de tu habitación, probablemente ya te han pedido que demuestres tu identidad unas nueve veces. Esto es lo que conocemos como fragmentación de la identidad del pasajero: una situación en la que la identidad de un viajero se verifica desde cero en cada punto de control, en lugar de validarse una sola vez y mantenerse a lo largo de todo el viaje. Y lo más frustrante es que cada uno de esos controles te trata como si fueras un completo desconocido, iniciando el proceso de verificación desde el principio, como si el paso anterior nunca hubiera existido.
Estamos a mediados de 2026. La tecnología biométrica ha alcanzado un alto grado de madurez. Las carteras digitales están presentes en prácticamente todos los teléfonos móviles. Las iniciativas One ID de la IATA ya han demostrado, mediante pruebas piloto realizadas en Europa y Asia-Pacífico, que es posible viajar internacionalmente utilizando únicamente el rostro como credencial de identidad. Sin embargo, si este verano vuelas desde uno de los principales aeropuertos europeos, lo más probable es que sigas teniendo que sacar el pasaporte físico del bolsillo una y otra vez.
La realidad es clara: la tecnología ha avanzado mucho más rápido que nuestra capacidad —o voluntad— para integrarla.
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9×
Veces que un pasajero vuelve a presentar su identidad en un solo viaje internacional
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75%
de los pasajeros prefiere la biometría frente a los documentos físicos (IATA, 2026)
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2×
El volumen de pasajeros aéreos se duplicará para 2041 (proyección)
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El viaje fragmentado: una realidad en cada punto de control
Actualmente, la identidad del pasajero está completamente fragmentada. Tus datos no se verifican una sola vez para generar confianza, sino que vuelven a verificarse una y otra vez en sistemas totalmente desconectados entre sí.
Piensa en la cantidad de organizaciones por las que pasa tu identidad durante un solo viaje:
| # | Punto de contacto | Descripción | Credencial |
|---|---|---|---|
| 1 | Check-in online | Carga de documento, nueva verificación de la elegibilidad para viajar | Pasaporte / Documento |
| 2 | Check-in en aeropuerto / entrega de equipaje | Verificación física del pasaporte, emisión de la tarjeta de embarque | Pasaporte |
| 3 | Control de seguridad de salida | Tarjeta de embarque + coincidencia de identidad, manual o mediante escáner | Híbrido |
| 4 | Inmigración de salida / eGate | Escaneo del chip del pasaporte, captura biométrica (si está disponible) | Pasaporte |
| 5 | Acceso a sala VIP / acceso prioritario | Tarjeta de membresía o tarjeta de embarque, a veces biometría | Varía |
| 6 | Embarque en puerta | Escaneo de la tarjeta de embarque, a veces nueva verificación del pasaporte | Tarjeta de embarque |
| 7 | Inmigración de llegada | Verificación completa del pasaporte, validación de visa/ETA, captura biométrica | Pasaporte + ETA |
| 8 | Alquiler de coche | Pasaporte + permiso de conducir, verificación de tarjeta de crédito | Fuera de línea |
| 9 | Check-in en hotel | Escaneo o fotocopia del pasaporte, preautorización de tarjeta de crédito | Manual |
Cada uno de estos puntos de contacto está gestionado por una entidad diferente: aerolíneas, operadores aeroportuarios, autoridades fronterizas y empresas privadas. Ninguna de ellas comparte información con las demás y, en la práctica, ninguna confía en las verificaciones realizadas por la anterior.
Esto no solo supone una molestia para los viajeros, sino que representa un problema estructural. Con un volumen de pasajeros que se prevé que se duplique de aquí a 2041, será físicamente imposible gestionar ese crecimiento con un modelo tan fragmentado sin construir aeropuertos del tamaño de pequeñas ciudades. Es necesario replantear la forma en que fluye y se gestiona la identidad a lo largo del viaje.
ETA, ETIAS y EES: por qué la autorización previa sigue generando colas en los aeropuertos
Estamos viendo cómo este cuello de botella se está materializando en Europa. La ETA del Reino Unido ya es obligatoria y el Sistema de Entradas y Salidas (EES) de la Unión Europea entró en funcionamiento hace unos meses, en abril. Mientras tanto, la puesta en marcha del ETIAS está prevista para finales de año.
Todos ellos representan avances importantes hacia un modelo de aeropuertos sin papel y un mayor grado de digitalización en los procesos de control. Sin embargo, al haberse implementado sobre una infraestructura física diseñada para otro contexto, siguen generando importantes problemas operativos. Basta con observar lo que está ocurriendo este verano en Grecia, donde el elevado volumen de validaciones digitales del EES está provocando largas colas durante la temporada alta.
Hemos digitalizado la autorización previa al viaje en origen, pero no hemos rediseñado los puntos de control físicos en destino. Los datos viajan de forma instantánea; el aeropuerto, no.
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ETA, EES y ETIAS en 2026 La ETA del Reino Unido es ahora obligatoria para la mayoría de los ciudadanos no británicos que entren en el Reino Unido. ETIAS —el Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes— se aplicará a los nacionales exentos de visado que entren en países Schengen una vez que se lance en el cuarto trimestre de 2026; todavía no está activo. En cambio, el Sistema de Entrada/Salida de la UE está operativo desde abril de 2026 y ya exige el registro biométrico en las fronteras exteriores de Schengen. Los tres requieren una preautorización digital, pero ninguno ha conseguido una experiencia aeroportuaria fluida, porque los puntos de contacto posteriores no se rediseñaron en torno a los nuevos flujos de datos. Preautorización en origen, cuello de botella en destino: la brecha es arquitectónica, no regulatoria. |
El problema de los silos: por qué la identidad no es una única conversación
Hay una realidad que el sector de los viajes rara vez reconoce abiertamente: la tecnología nunca fue la parte más difícil. El verdadero desafío es conseguir que los distintos equipos de una misma organización se pongan de acuerdo sobre una definición única de lo que significa «el pasajero».
Dentro de una misma aerolínea conviven equipos de prevención del fraude, experiencia de cliente y programas de fidelización. En los aeropuertos, por su parte, intervienen los responsables de operaciones de seguridad, las autoridades de inmigración y los operadores comerciales. Cada uno cuenta con su propio presupuesto, sus propios proveedores tecnológicos y sus propios objetivos. Como consecuencia de estos silos organizativos, la identidad no se gestiona como un activo continuo a lo largo de todo el viaje.
El resultado son situaciones tan poco eficientes como que un viajero frecuente, cuya identidad ya ha sido verificada en múltiples ocasiones durante el último año por la misma aerolínea, tenga que volver a demostrar quién es al llegar a la puerta de embarque. La aerolínea dispone de esa información; simplemente no ha desarrollado la arquitectura interna necesaria para que sus diferentes equipos puedan compartirla y aprovecharla.
Como sector, seguimos abordando esta tecnología de forma fragmentada. Hablamos con un directivo sobre prevención del fraude y con otro sobre experiencia del pasajero, olvidando que el verdadero caso de uso es integral. Mientras nadie integre esa visión, el sistema seguirá funcionando de forma fragmentada.
Los riesgos ocultos y las oportunidades perdidas
Esta brecha en la arquitectura tiene consecuencias reales, tanto operativas como financieras.
Pensemos, por ejemplo, en el fraude documental en la puerta de embarque. Es un tema delicado, pero algunos pasajeros que viajan en situaciones de extremo riesgo personal —como quienes huyen de una crisis o buscan asilo— destruyen sus documentos de viaje físicos durante el vuelo. Cuando llegan a destino sin documentación, la aerolínea suele asumir la responsabilidad legal y financiera por haber transportado a un pasajero cuya identidad no puede verificarse.
Los datos biométricos capturados durante el embarque y vinculados directamente a un registro digital del viaje no resuelven la compleja dimensión humanitaria de estas situaciones, pero sí permiten establecer una cadena de custodia segura y trazable que protege a las aerolíneas frente a las responsabilidades derivadas de la verificación de la identidad del pasajero en el embarque.
También está el aspecto comercial. En un entorno de fuerte competencia, las aerolíneas centran cada vez más sus esfuerzos en aumentar los ingresos complementarios (ancillary revenue), como las mejoras de categoría, el acceso a salas VIP, las alianzas con hoteles o el alquiler de vehículos. Sin embargo, para ofrecer estos servicios de forma eficaz, primero es necesario saber quién es realmente la persona que tienes delante. Un viajero que únicamente presenta un pasaporte físico sigue siendo, para el sistema, un desconocido. En cambio, un viajero con un perfil de identidad verificado y validado en tiempo real puede recibir la oferta adecuada en el momento preciso en que la necesita.
Lo que nos está enseñando el verano de 2026
La temporada alta de este verano ha sometido los procesos de verificación de identidad a una presión operativa como no se veía desde hace más de una década. Las aerolíneas y los aeropuertos que consideren este desafío como un simple problema de infraestructura lograrán salir adelante. Sin embargo, quienes ya están rediseñando su arquitectura en torno a identidades biométricas verificadas previamente serán los que lideren el sector durante la próxima década.
Tras más de diez años trabajando con aerolíneas, aeropuertos y organismos de seguridad en toda la región EMEA, el patrón siempre se repite: los equipos de seguridad identifican los riesgos y los equipos de experiencia del cliente ven las oportunidades, pero rara vez ambos se sientan a diseñar una solución conjunta.
Si lideras las áreas de innovación, seguridad o experiencia de cliente en una aerolínea o un aeropuerto, es momento de plantearte algunas preguntas clave: ¿Comparten los equipos de prevención del fraude y experiencia del cliente una misma definición de quién es el pasajero? ¿La información sobre su identidad le acompaña durante todo el viaje o deja de ser útil una vez llega a la puerta de embarque?
Si no conoces las respuestas, ha llegado el momento de dejar de invertir en soluciones aisladas y empezar a hablar de una arquitectura de identidad realmente integrada.
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Qué significa esto para ti Si lideras Customer Experience, Innovación o Seguridad en una aerolínea o en un operador aeroportuario El problema de la fragmentación de la identidad no se resolverá por sí solo con inversiones incrementales en puntos de control individuales. Los pilotos de IATA ya han dejado claro que la arquitectura de identidad continua funciona. Lo que sigue abierto es si tu organización la adopta antes que lo hagan tus competidores. Tres cosas que vale la pena poner a prueba
Si alguna de esas respuestas genera dudas, la conversación sobre arquitectura ya llega tarde. |
En un viaje internacional típico, un pasajero debe verificar su identidad entre ocho y doce veces, desde el check-in online hasta la llegada al hotel. Cada uno de esos puntos de control está gestionado por una entidad diferente que no confía en la verificación realizada en el paso anterior.
La fragmentación de la identidad del pasajero consiste en volver a verificar la identidad del mismo viajero desde cero en cada punto de contacto del viaje, ya que aerolíneas, aeropuertos, autoridades fronterizas, empresas de alquiler de vehículos y hoteles operan con sistemas de identidad desconectados entre sí. Los datos existen; lo que falta es una arquitectura que permita reutilizarlos.
La identidad continua consiste en capturar y verificar los datos biométricos del pasajero una única vez durante el proceso de registro y permitir que esa identidad le acompañe a lo largo de todo el viaje, sin necesidad de volver a verificarla en cada punto de contacto. Este enfoque sigue el principio de One ID de la IATA: verificar una vez y reutilizar esa verificación durante todo el recorrido.
No. La ETA, el ETIAS y el EES digitalizan la autorización para viajar antes de la salida, pero los puntos de control posteriores en el aeropuerto no se han rediseñado para adaptarse a esos nuevos flujos de información. La autorización previa se realiza en el origen, mientras que el cuello de botella se desplaza al destino.
En la mayoría de las jurisdicciones, la aerolínea asume la responsabilidad legal y financiera por transportar a un pasajero cuya identidad no puede verificarse a su llegada. La captura de datos biométricos durante el embarque, vinculados al registro del viaje, permite establecer una cadena de trazabilidad desde el check-in hasta el destino.
Un pasajero con un perfil de identidad verificado, activo y accesible puede recibir ofertas relevantes y personalizadas en el momento adecuado. Los perfiles unificados de los pasajeros, que constituyen la base para aumentar los ingresos complementarios, no son posibles sin una identidad continua que los sustente.