El 84% de los pasajeros usaría un pasaporte digital, según la encuesta global de IATA 2026
El 84% de los pasajeros usaría un pasaporte digital para hacer el check-in online, y tres de cada cuatro usuarios de biometría prefieren registrarse una sola vez y con antelación. La filtración de datos es su principal preocupación.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) presentó los resultados de su Global Passenger Survey 2026, que recoge más de 10.000 respuestas de pasajeros de más de 200 países. Sus datos muestran que el uso de la biometría sigue creciendo y que el interés por el pasaporte digital es alto. También muestran qué frena la confianza de los viajeros: cómo se protegen y se comparten sus datos.
Qué dicen los pasajeros
- El 58% usó biometría en algún punto del aeropuerto en los últimos 12 meses (50% en 2025). El 87% de ellos se declara satisfecho.
- El 75% de quienes la han usado prefiere registrarse una sola vez y con antelación para un reconocimiento automatizado.
- El 78% compartiría su información biométrica para no tener que mostrar el pasaporte o la tarjeta de embarque.
- El 84% usaría un pasaporte digital para hacer el check-in online, y el 82% lo compartiría con la aerolínea al reservar.
- El 86% compartiría su información de inmigración en formato digital antes de salir (83% en 2025). El 45% preferiría completar esos trámites antes de llegar al aeropuerto.
«Cada vez son más los pasajeros que utilizan la biometría en sus viajes. Les gusta y piden que se amplíe su uso», señaló Nick Careen, vicepresidente sénior de Operaciones, Seguridad y Protección de IATA, en el comunicado oficial.
Para IATA, generalizar este modelo depende de que los países se pongan de acuerdo en un marco común que permita la interoperabilidad.
“Para que la biometría se convierta en la norma en los viajes internacionales, los gobiernos deben acordar un marco para la emisión y aceptación de pasaportes digitales seguros —o credenciales digitales de viaje—”, añadió Careen.
Qué les preocupa a los pasajeros
La disposición a usar la biometría no borra las dudas sobre los datos. La propia IATA recuerda que mantener la confianza es esencial para que la biometría se adopte en los procesos de viaje. La primera inquietud es la seguridad: el 59% teme una posible filtración de datos. Le sigue el destino de esa información, porque al 49% le preocupa que se comparta con otras organizaciones. Y el 41% echa en falta transparencia sobre cómo se tratan sus datos personales.
Las preocupaciones de los pasajeros en este sentido varían en función de la región. Norteamérica es la que más usa la biometría (63%) y, a la vez, la que más teme las filtraciones. En Latinoamérica y Caribe, donde el uso se queda en el 51%, la mayor inquietud está en cómo se comparten y gestionan los datos personales: es la región más preocupada por esta cuestión.
Identidad reutilizable: continuidad, control e interoperabilidad
Registrarse una vez y ser reconocido después en otros puntos del viaje es lo que llamamos identidad continua: en lugar de un control aislado en cada paso, una identidad que se reutiliza. Los datos de la encuesta sobre pasaporte digital y trámites migratorios apuntan en la misma dirección: una parte relevante de los viajeros está dispuesta a verificar su identidad antes de llegar al aeropuerto.
Que la identidad se reutilice no basta: la confianza en ella tiene que mantenerse durante todo el viaje, no solo en el primer registro. Las credenciales verificables, el modelo que IATA propone en One ID, apuntan en esa dirección: un emisor de confianza, como un gobierno, un aeropuerto, o una aerolínea, firma la credencial; el pasajero la guarda en su wallet y cada punto de contacto comprueba su validez sin repetir todo el control. La biometría confirma en cada paso que quien la presenta es su titular, y la verificación puede reforzarse si el contexto lo requiere. Ahí entra la prevención del fraude: una identidad reutilizable solo es segura si nadie más puede usarla.
Esa reutilización depende también de lo que pedía Careen: un ecosistema interoperable, en el que una credencial emitida por un gobierno, un aeropuerto, o una aerolínea pueda verificarse con los mismos estándares en el resto del viaje.
Ese ecosistema, además, no responde a un único modelo. En la Unión Europea, el Comité Europeo de Protección de Datos concluyó en 2024 que el reconocimiento facial en aeropuertos solo es compatible con el RGPD en determinados supuestos, como cuando la plantilla biométrica queda bajo control del pasajero, por ejemplo, en su propio dispositivo. Otros países avanzan hacia modelos en los que el sistema identifica al viajero sin documento: en el aeropuerto de Changi, en Singapur, los residentes ya pasan el control de inmigración con su rostro y su iris, sin mostrar el pasaporte. Unos procesos comparan al pasajero con una única credencial (1:1) y otros lo identifican entre muchos registros (1:N). La tecnología de identidad para viajes tiene que poder adaptarse a cualquiera de estos escenarios sin rehacer la arquitectura.
A la vez, este modelo tiene que responder a las principales preocupaciones de la encuesta:
- Presentación de las credenciales in situ para aquellos escenarios más adversos al riesgo de filtración, y presentación de las credenciales en remoto para aquellos pasajeros que valoran una experiencia de usuario con menor fricción.
- Ante el uso compartido, soberanía, consentimiento y minimización: dónde reside el dato, quién accede a él y con qué permiso. Con la divulgación selectiva, el pasajero comparte solo los datos que necesita cada punto de contacto, como plantea IATA.
- Ante la falta de transparencia, trazabilidad: poder explicar qué dato se usó, para qué y con qué resultado.
Seguridad, control del dato y trazabilidad son, al final, los mismos criterios que IATA evalúa en su certificación One ID. La comodidad que prefieren los pasajeros depende de que puedan confiar en cómo se gestiona su identidad.
Preguntas frecuentes
Según la Global Passenger Survey 2026 de IATA, el 58% la usó en los últimos 12 meses, frente al 50% en 2025.
La filtración de datos (59%), que la información se comparta con otras organizaciones (49%) y la falta de transparencia sobre su tratamiento (41%).
Son la versión digital de un documento físico, como el pasaporte o la tarjeta de embarque, guardada en un monedero digital. IATA las contempla en One ID para que el pasajero comparta solo los datos que necesita cada trámite.